En un giro que podría redefinir la relación tecnológica entre Estados Unidos y América Latina, el expresidente y ahora nuevamente mandatario Donald J. Trump firmó una serie de órdenes ejecutivas que abren las puertas a una economía digital basada en criptomonedas, tecnología blockchain y sistemas de pago descentralizados. Aunque el anuncio ha sido celebrado por sectores libertarios y empresarios digitales, expertos advierten que la iniciativa es menos un gesto de integración regional que una jugada estratégica para imponer una hegemonía digital al estilo MAGA (Make America Great Again).
Una cruzada tecnológica con sabor político
El paquete de medidas, conocido como Digital Sovereignty Act (DSA), impulsa a Estados Unidos como líder mundial en infraestructura financiera digital. Incluye incentivos para empresas blockchain, acuerdos bilaterales con países latinoamericanos y presión sobre gobiernos para adoptar estándares “made in USA”. No es casualidad que la iniciativa llegue en un momento de creciente influencia china en la región, especialmente a través de Huawei, TikTok y alianzas fintech con Brasil y Argentina.
“Trump no está promoviendo la economía digital como un acto de cooperación. Está construyendo un nuevo muro: uno basado en datos, protocolos y dependencia tecnológica”, explica Sofía Cáceres, analista en geopolítica digital del Instituto Sur Global.
América Latina entre la fascinación y el riesgo
La respuesta regional ha sido ambigua. En El Salvador, el presidente Bukele celebró el anuncio como una oportunidad para fortalecer su experimento bitcoiner. En Colombia, sectores empresariales ven con buenos ojos la posibilidad de atraer inversión estadounidense en IA y ciberseguridad, mientras que organizaciones sociales y partidos de izquierda alertan sobre una colonización digital encubierta.
En países como México y Brasil, donde existen fuertes comunidades de desarrolladores y startups, la expectativa es alta pero los temores también: “El problema no es la tecnología, sino el marco político que la impulsa. Trump quiere que adoptemos su moneda, su nube, sus términos de servicio… eso no es soberanía”, señaló Mariana López, fundadora de la Red de Soberanía Digital en América Latina.
¿Modernización o vigilancia hemisférica?
Uno de los puntos más polémicos del DSA es el apartado que sugiere la creación de “centros de interoperabilidad” en países aliados, conectados a servidores estadounidenses. Críticos han denunciado esto como una reedición del intervencionismo, ahora potenciado por el espionaje algorítmico.
Desde Washington, los voceros republicanos afirman que se trata de “defender la libertad digital frente al autoritarismo chino”. Sin embargo, documentos filtrados indican que estas plataformas estarán sujetas al Acta Patriótica y a protocolos de cooperación con agencias como la NSA y el FBI.
¿El futuro digital se escribe en inglés?
Mientras tanto, el progresismo latinoamericano debate su propio camino. En foros como CELAC y UNASUR se ha reactivado la discusión sobre la necesidad de crear infraestructuras digitales soberanas, moneda regional virtual, y marcos comunes de gobernanza de datos.
“Si no generamos una alternativa, terminaremos en una nueva forma de dependencia: ya no de la deuda externa, sino del algoritmo externo”, sentenció la ecuatoriana Ana Zambrano, vocera de Sures Digital.
Trump ha lanzado el anzuelo, y muchos gobiernos latinoamericanos ya lo están mordiendo. Lo que está en juego no es solo el acceso a tecnología, sino la arquitectura misma de nuestra soberanía digital. La pregunta clave es: ¿podrá América Latina construir una ruta propia, o quedará atrapada en la red digital del nuevo imperio?