Revoltosas

Revista

Cuarta edición

No vamos a volver en silencio

Hay regresos que no necesitan carretera.

Basta una ley escrita de espaldas a nuestros cuerpos. Un micrófono que convierte el odio en programa político. Una escuela que confunde educación con obediencia. Una casa donde el cuidado sigue teniendo manos de mujer y salario cero. De pronto, el pasado se sienta a la mesa y se presenta como orden, familia, tradición o sentido común.

A ese pasado está dedicada esta edición.

Cuando abrimos la convocatoria El país al que nos quieren devolver, no buscábamos un coro disciplinado ni respuestas de manual. Queríamos preguntas incómodas, argumentos, memoria y voces capaces de disentir, incluso entre ellas. Recibimos textos de mujeres con historias, territorios, edades y recorridos políticos distintos. No piensan igual. Por fortuna.

Las une algo más poderoso que la unanimidad: la negativa a entregar el cuerpo, la palabra, la memoria y el futuro.

Esta cuarta edición se pregunta qué país comienza a aparecer cuando los derechos vuelven a tratarse como favores; cuando la diferencia se convierte en amenaza; cuando la ignorancia se enorgullece de sí misma y la violencia aprende a hablar con palabras como libertad, protección o decencia.

Las respuestas no llegan solamente desde los discursos políticos. Surgen del apellido que borra una parte de nuestra historia; de las libertades que empiezan a perderse cuando se nace niña; de la cocina, el delantal y el trabajo doméstico; de las maternidades y las hijas que recibirán el país que les dejemos; de los pueblos donde escribir, pensar distinto o usar la mano izquierda ya era una forma de desobediencia.

También llegan desde el cuerpo, ese primer territorio que tantas instituciones, gobiernos, religiones, familias y parejas todavía pretenden administrar.

Estas páginas hablan del país heredado y del país que no queremos volver a habitar. Hablan de silencios transmitidos como educación, de privilegios disfrazados de costumbre y de una democracia que se debilita cada vez que una mujer debe pedir permiso para existir en sus propios términos.

Pero esta edición no mira únicamente hacia afuera.

El patriarcado no vive solo en “los otros”. También se filtra en nuestras palabras, alianzas, prejuicios y formas de juzgar la voz de otra mujer. Por eso, editar desde una perspectiva feminista no significa hacer que todas las autoras suenen igual ni reemplazar una doctrina por otra. Significa preguntarnos quién habla, quién fue borrada, quién sostiene el cuidado, qué cuerpos son tratados como norma y qué palabras pueden repetir la violencia incluso cuando intentan denunciarla.

En esta edición corregimos la gramática, pero no domesticamos el carácter. Afinamos la sintaxis, pero no la inconformidad. Pedimos precisión y argumentos, sin confiscar la experiencia de quienes escribieron desde sus heridas, sus territorios y sus propias maneras de comprender el país.

No ofrecemos una lectura cómoda. Una revista llamada Revoltosas traicionaría su nombre si lo hiciera.

Tampoco ofrecemos neutralidad frente al autoritarismo, la misoginia, el racismo, la transfobia, la desigualdad o cualquier proyecto que pretenda reducir nuestras libertades. Tomamos partido por una democracia viva, por la autonomía corporal, por la memoria y por el derecho a pensar, escribir y disentir sin miedo.

Invitamos a leer esta edición como quien entra en una asamblea abierta: para escuchar, discutir, subrayar, contradecir y volver a preguntar. Que cada texto sea espejo, ventana y alarma. Que ninguna diferencia nos impida reconocer el peligro común.

El país al que nos quieren devolver se alimenta del silencio y del olvido.

Nuestra respuesta es esta: memoria organizada, palabras en circulación y mujeres pensando juntas, incluso cuando piensan distinto.

No vamos a callarnos.
No vamos a entregar lo aprendido.
No vamos a volver.

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