En el corazón de Europa, el Tribunal Especial para el Crimen de Agresión contra Ucrania representa —sin duda— un paso histórico hacia la rendición de cuentas: un tribunal apoyado por 46 países que busca llevar ante la justicia a Vladimir Putin por su invasión a Ucrania . Esa promesa de justicia, sin embargo, observa en silencio cómo en Gaza, un genocidio claramente documentado avanza sin freno.

La ONU y múltiples organizaciones han denunciado una “campaña genocida” en Gaza, impulsada por empresas de defensa y tecnología que, según la relatoría de la ONU Francesca Albanese, sostienen el aparato militar israelí. Multitudes de civiles, entre ellos miles de niños, han muerto en un contexto de bloqueos programados de agua, alimentos y medicinas, actos tipificados como crímenes de guerra —cuando no, genocidio— por la misma Human Rights Watch .

Justicia selectiva

Lanzar un tribunal especial para un agresor poderoso es un gesto significativo. Pero, ¿por qué no aplicar esa misma firmeza ante acusaciones tan graves en Gaza? ¿Dónde está la justicia cuando el hambre, la destrucción de infraestructura básica y la censura informativa se usan como herramientas de genocidio? El mundo observa cómo una potencia recibe condena, mientras otra comete actos atroces frente a la indiferencia internacional.

El silencio que aquieta el genocidio

Las élites políticas y mediáticas del Occidente aplauden tribunales selectivos que juzgan a Putin. Pero eligen callar o justificar cuando se trata de la limpieza étnica en Gaza. Callan mientras gobiernos y empresas occidentales financian y respaldan estrategias genocidas. Callan, en silencio cómplice, y permiten que miles de vidas desaparezcan sin clamor ni consecuencias legales.

Un grito feminista de indignación

Desde Revoltosas decimos: basta. No aceptamos que el estatus de país aliado blinde al opresor. No admitimos que la justicia internacional sea un ítem a conveniencia en el menú político. Si Putin paga por sus crímenes, también debe hacerlo Israel. Si la legalidad internacional se fortalece contra un dictador, que no tenga doble vara ante un genocidio real.