Desde el equipo programático de Paloma Valencia circula el documento «Plan de Gobierno para las Mujeres», donde se habla de seis grandes transformaciones. Allí se mencionan frases emotivas, cifras redondas y promesas con nombre propio: «Capital semilla», «Billetera digital» o «Mamá no está sola». El documento apela con precisión a las necesidades reales de millones de colombianas: la informalidad, la carga del cuidado, la violencia doméstica, la falta de propiedad y el sistema de salud que nunca llega. El problema es que una cosa es nombrar el dolor y otra muy distinta es tener una política para resolverlo.

Me tomé el trabajo de comparar el «Plan de Gobierno para las Mujeres» con el «Plan Integrado de Gobierno» de 111 puntos que Paloma firmó junto a Juan Daniel Oviedo. Son dos documentos distintos y, entre uno y el otro, varias de las propuestas cambiaron, disminuyeron o simplemente desaparecieron.

Hay propuestas que no variaron y que tienen un sustento real, algunas de ellas son: primero  “Jueces móviles” que llegan a zonas apartadas para llevar justicia a mujeres que por distancia, tiempo y falta de recursos no adelantan; segundo “Una familia, Un juez”  busca dispone cien juzgados donde un solo juez conoce de todos los casos, por ejemplo, denuncia por violencia, demandas de alimentos, custodia de hijos, etc, es una propuesta sensata y que evita la revictimización de las mujeres, tal vez no se llevara a cabo dentro de los primero cien días de transformación que plantea la candidata, pero es realizable y necesarios; tercero “Capital semilla” plantea dar dos millones de pesos a emprendedoras, si bien esta propuesta esta reflejada en ambos documentos, en lo personal, considero que no es claro el alcance de la misma y que esta cifra puede resultar insuficiente teniendo en cuenta la economía actual del país; cuarto “Titulación de viviendas a nombre de las mujeres” tiene sentido que si las mujeres sostienen el hogar sean estas las propietarias del mismo.

Hasta ahí bien, son medidas concretas, con ancla institucional posible y, en varios casos, con infraestructura pública ya existente sobre la cual construir.

Pero hay propuestas que entre un documento y el otro perdieron forma, nombre y músculo. El subsidio «Mamá no está sola», uno de los titulares más llamativos del plan de mujeres, no existe con ese nombre ni con ese desarrollo en el plan integrado de gobierno. Lo que quedó es una línea del punto 66: «cerraremos las brechas de género con políticas focalizadas en mujeres cabeza de hogar». Lo mismo ocurre con las cuidadoras comunitarias: el plan de mujeres prometía contrato, salud y pensión para ellas, un reconocimiento histórico de que cuidar también es trabajar; pero en el plan integrado esa promesa quedó resumida en una sola frase del punto 72: «el cuidado es infraestructura social». Una frase que nadie puede criticar y que tampoco obliga a nada.

Por otro lado, en ninguno de los dos documentos no hay ni una línea sobre salud sexual y reproductiva, ni una sola línea de embarazo adolescente, ni una línea sobre mortalidad materna, que en departamentos como Chocó y Vaupés triplica cifras de Bogotá, por ejemplo, ni una sola mención a la anticoncepción o a la atención del parto en zonas rurales, el dejar de lado estas situaciones no es un tema de olvido común, sino una decisión.

Hay algo más que merece atención: el plan de mujeres está escrito en un registro marcadamente emocional. «Tú tienes el talento, Paloma te da el arranque», «cuando la casa es tuya, el que se va es otro», «la que da todo merece el respaldo del Estado». Ese lenguaje conecta, moviliza, hace sentir vista y reconocida a quien lo lee. Pero también puede ser la señal de que estamos ante un documento de comunicación político más, que ante un documento de política pública.

Se entiende que un documento de política pública especifica fuentes de financiamiento. Dice cuántas mujeres serán beneficiarias del capital semilla y en cuántos años, detalla el mecanismo de focalización del subsidio a madres solteras, estima el costo de los cien juzgados especializados, explica cómo se articula la pensión para informales con el sistema actuarial existente. El plan de mujeres no hace nada de eso, solo nombra las necesidades con precisión y propone soluciones con imprecisión y eso no es un error técnico menor: es el espacio donde las promesas se pierden una vez se ganan las elecciones.

Antes de votar, tienes derecho a exigir más que frases emotivas. Tienes derecho a saber exactamente cómo, con qué plata y en qué tiempo se va a hacer cada promesa. No porque seas desconfiada, sino porque ya has visto demasiadas veces lo que pasa cuando esas preguntas no se hacen a tiempo.

Las mujeres colombianas merecen un plan real. Este es un buen comienzo para una conversación que todavía está incompleta.

Fuente:

Plan de Gobierno para mujeres, Paloma Valencia  https://palomapresidente.com.co/ , file:///C:/Users/Paula%20Rodriguez/Downloads/Plan%20de%20gobierno%20para%20mujeres.pdf

Plan Integrado de Gobierno, Paloma Valencia https://palomavalencia.com/images/documentos/Plan%20Integrado%20de%20Gobierno%20Final_compressed.pdf