En un rincón olvidado de Colombia, donde el conflicto armado sigue siendo una herida abierta, un grupo de mujeres decidió no callar más. En el Catatumbo, una de las regiones más afectadas por la violencia, estas mujeres desafiaron a miembros armados del ELN que las intimidaban. Su respuesta fue contundente: “Mátanos a todas entonces”.
Estas palabras, cargadas de valentía y rabia, se han convertido en un grito que resuena mucho más allá de las montañas del Catatumbo. Porque no se trata solo de ellas; representan a todas las mujeres que, en medio de contextos de guerra, han tenido que luchar por su dignidad, sus derechos y, muchas veces, por sus vidas.
El incidente ocurrió en un contexto donde las comunidades campesinas, y particularmente las mujeres, enfrentan la constante amenaza de grupos armados que buscan controlar territorios y personas. Pero estas mujeres no solo se defendieron a sí mismas; defendieron la idea de que la vida y la dignidad no son negociables.
El video del enfrentamiento se viralizó rápidamente, convirtiéndose en un símbolo de resistencia en una región donde el silencio a menudo ha sido impuesto por la fuerza. Estas mujeres, con su coraje, han puesto de manifiesto las profundas desigualdades y abandonos que perpetúan la violencia en Colombia.
Sin embargo, su valentía también pone en evidencia una pregunta que incomoda: ¿dónde están las instituciones? ¿Dónde están las garantías para que estas comunidades puedan vivir sin miedo? La respuesta, como muchas veces ocurre en Colombia, sigue siendo insuficiente.
Este caso nos recuerda que las mujeres no solo son víctimas de la guerra; también son líderes, defensoras de derechos humanos y constructoras de paz. Su lucha es también nuestra lucha, porque mientras ellas sigan alzando la voz, nos enseñan que la resistencia es una forma de esperanza.