Cada vez más ciudadanos observan qué tipo de personas son aquellas que quieren pertenecer al Congreso, además de criticar firmemente el trabajo de quienes hoy hacen parte del mismo.
En los últimos años, varios dirigentes llegaron al Congreso con promesas de cambio, defensa social y nuevas formas de hacer política. Sin embargo, para muchos, su actuación generó dudas sobre esa coherencia.
El sentir de los ciudadanos hoy refleja, con dificultad, su deseo de mejorar las condiciones bajo las cuales quieren ser dirigidos, cansados de la violencia, la desigualdad, la corrupción y la traición.
Durante el periodo legislativo que está a punto de terminar se presentaron debates sobre temas cruciales para el país. No obstante, lo que se vio fue dilación para iniciar los debates de los proyectos, inasistencia a las sesiones, cero o muy poca argumentación técnica y estrategias para sabotear el trabajo del gobierno, entre otros comportamientos.
Aun así, muchos quisieron volver a ser parte del Congreso; pero esta vez el pueblo les quitó esa posibilidad. Por ejemplo:
ÁNGELICA LOZANO
Promesas progresistas, alianzas contradictorias
Durante el periodo legislativo fue cuestionada por sectores que consideraron incoherente su actuación frente a las banderas progresistas con las que llegó al Congreso.
También generó polémica al atribuirse el impulso de la reducción del salario de los congresistas, cuando la eliminación de la prima de servicios se produjo mediante una decisión del Ejecutivo.
Para muchos votantes, esa distancia entre discurso y hechos terminó pasando factura.
KATHERINE MIRANDA
Del discurso social al choque político
Llegó al Congreso con una narrativa cercana a causas sociales y a comunidades indígenas.
Pero en el debate legislativo adoptó posturas que algunos interpretaron como alejadas de ese discurso inicial y como una burla a sus electores.
Esas contradicciones le costaron la curul, dejando claro que el electorado no olvidará ni aceptará una traición más.
LINA GARRIDO
Discursos fuertes, poco argumento
La parlamentaria de la que no se sabía ni se escuchaba nada se puso como foco mediático luego de su intervención del 20 de julio dirigida al presidente.
Para algunos fue un discurso político contundente; para otros, un ejemplo de retórica confrontativa sin propuestas de fondo.
Ahora bien, el pueblo deja claro que de nada sirve ser confrontativo si no se tienen argumentos sólidos como para tener una curul.
MIGUEL POLO POLO
Polémica constante
Durante su paso por el Congreso fue una figura altamente controversial.
Un personaje capaz de burlarse del dolor ajeno, como lo hizo con las madres de los falsos positivos, y de proclamar abiertamente que su trabajo en el Senado sería el de obstaculizar los proyectos del gobierno.
Muchos cuestionaron su agenda legislativa, evidenciando que no representó realmente a las comunidades afrocolombianas que aspiraba a representar, comunidad que lo sacó sin chistar.
Se repite bastante la siguiente frase:
QUIEN NO CONOCE SU HISTORIA, ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA
Es por eso que, esta vez, el país no se dejó llevar en las elecciones por la nostalgia, el sensacionalismo o por el miedo, lo que como resultado dejó por fuera a personajes que pretendían llegar al Congreso con discursos violentos o haciendo uso de la falacia de apelación a la emoción. Por ejemplo:
LAURA GALLEGO
La viralidad no siempre se convierte en votos
La exseñorita Antioquia buscó proyectarse políticamente tras hacerse viral en redes sociales.
Un video polémico en el que preguntaba “¿a quién le daría bala?” generó fuertes críticas.
En un país cansado de la violencia, muchos ciudadanos cuestionaron ese tipo de retórica como estrategia política, al considerar que no respondía a propuestas claras, sino únicamente a confrontar una corriente favorable al gobierno.
ÁLVARO URIBE VÉLEZ
Un periódico de ayer
El expresidente continúa siendo una de las figuras influyentes y polémicas de la política colombiana.
Sus seguidores poco lo cuestionan, pero sus críticos le recuerdan las masacres en Antioquia, el fortalecimiento del paramilitarismo durante sus gobiernos y rechazan su altivez ante estas situaciones.
Ese recuerdo sigue marcando a las víctimas y explica por qué su figura difícilmente recuperará la credibilidad que alguna vez tuvo, ni el respaldo suficiente para regresar al Congreso.
La coherencia también se vota
La democracia no exige políticos perfectos, pero sí responsables con sus promesas y de sus actos.
Quien pide el voto con determinadas banderas debe estar dispuesto a defenderlas cuando llega el momento de debatir y decidir.
Porque en política, el mismo voto que abre la puerta del Congreso también puede cerrarla.