La vergüenza, el orgullo y el miedo a fracasar son las emociones que nos definen a la gran mayoría que nos define y alimenta los procesos emotivos de cada persona. En las prácticas sociales podemos observar como el ser humano busca siempre sentirse orgulloso de sus logros, del poder, del prestigio y cuando no se logra esa meta u objetivo acarreamos con ello vergüenza, la deshonrar, la mala fama, el exilio y la estigmatización colectiva, esas palabras que vienen de apoyo pero que a la hora de la verdad es una burla mal guardada.
Según un estudio de Nussbaum “La vergüenza es una emoción que responde a la sensación de no poder alcanzar cierto estado ideal, antes que a un acto especifico, esta emoción corresponde a todo el ser, donde se siente carente y con falta de capacidades y talentos para poder sobresalir y ser elegido”. Además. De conforman un triángulo emocional que influye profundamente en la vida de muchas mujeres. Estos sentimientos moldean decisiones, limitan proyectos y pueden frenarlas en distintos ámbitos educativos, laborales, personales, sentimentales y sociales.
Según “Carol Dweck, muchas mujeres internalizan una mentalidad fija, donde el fracaso se interpreta como un reflejo de su identidad, no como una oportunidad de aprendizaje”. Esto frena su capacidad de arriesgarse el 63 % de las mujeres indicaron que el miedo al fracaso les impidió iniciar un negocio, frente al 54 % de los hombres. En el Reino Unido, el 63 % de las mujeres no iniciaría un negocio por temor a fracasar, mientras que esa cifra es del 44 % entre los hombres.
En Colombia, el temor al fracaso sigue siendo una de las principales barreras que impiden a muchas mujeres emprender, no solo en el ámbito empresarial, sino también en el político, laboral, académico y social. el 41,5 % de las mujeres colombianas no emprenden por miedo al fracaso, frente al 33 % de los hombres, lo que evidencia una disparidad marcada en la percepción del riesgo y la autoconfianza.
Esta brecha también se refleja en la participación política, donde solo el 21,2 % de los cargos de elección popular son ocupados por mujeres, a pesar de constituir más del 50 % de la población. En el ámbito laboral, las mujeres enfrentan mayores obstáculos para ascender a cargos directivos y toman menos decisiones estratégicas, muchas veces por falta de oportunidades y también por barreras psicológicas alimentadas por un entorno históricamente desigual. Esta realidad demuestra que el miedo al fracaso no solo limita la creación de negocios, sino que afecta directamente los proyectos, ambiciones y capacidades de liderazgo de miles de mujeres colombianas.
Por último, el papel de la mujer en diferentes escenarios ya sea económico, político, social o educativo, Continúa enfrentando profundas barreras estructurales, culturales y emocionales que limitan su desarrollo pleno. A pesar de los avances en materia de igualdad de género, persisten condiciones desiguales que refuerzan el temor al fracaso y restringen la participación activa de las mujeres, especialmente en espacios de decisión como la política en Colombia. Superar estas limitaciones no implica únicamente fortalecer capacidades individuales, sino transformar los imaginarios sociales que aún deslegitiman su liderazgo. Es imprescindible fomentar entornos seguros, incluyentes y libres de discriminación, donde las mujeres puedan emprender con libertad, confianza y respaldo institucional. Solo así se podrá hablar verdaderamente de una sociedad que camina hacia la equidad y reconoce el potencial transformador de las mujeres en todos los ámbitos o aspectos de su vida cotidiana.