Otra mujer atacada. Otra vida pendiendo de un hilo. Otra vez la violencia de género mostrando su cara más brutal en Medellín. En San Antonio de Prado, una mujer fue agredida con un arma blanca en un intento de feminicidio que, de no haber sido por la rápida acción de los servicios de emergencia, hoy estaríamos contando como un asesinato más en las estadísticas oficiales.

Pero este no es solo un caso más. Es la evidencia de que el país sigue sin tomar en serio la vida de las mujeres, de que la impunidad y la normalización de la violencia nos siguen matando.

Según testigos, la mujer fue atacada en plena vía pública. No en la sombra, no en la clandestinidad: a la luz del día, como si su agresor supiera que no habrá consecuencias, como si su vida valiera menos. Y es que la impunidad en los casos de violencia contra las mujeres sigue siendo el mensaje más contundente que envían las instituciones: puedes atacarlas, violentarlas, incluso matarlas, y probablemente no pase nada.

Este intento de feminicidio se suma a la preocupante cifra de violencia de género en Medellín y en Colombia. En lo que va del año, cientos de mujeres han sido agredidas, muchas de ellas por sus parejas o exparejas, en un patrón de violencia que se repite con la precisión de una ecuación: primero el control, luego las amenazas, después los golpes, y, cuando ya no hay miedo que imponer, la muerte.

Hablar de esto no es hacer ‘amarillismo’, como muchas veces se intenta deslegitimar la denuncia feminista. Hablar de esto es nombrar la violencia estructural que sostiene el sistema patriarcal, es señalar la negligencia institucional que deja a las mujeres desprotegidas, es exigir medidas concretas que nos permitan vivir sin miedo.

¿Qué pasa con las políticas públicas de prevención? ¿Qué pasa con la atención real a las víctimas? ¿Dónde está la justicia para tantas mujeres que denuncian y siguen siendo ignoradas? Medellín no puede seguir siendo una ciudad donde la noticia de un feminicidio o un intento de feminicidio se consuma con la misma indiferencia con la que se lee el clima.

A la mujer atacada en San Antonio de Prado le arrebataron algo más que su seguridad. Le recordaron que en este país ser mujer sigue siendo un riesgo. Y a nosotras, nos recordaron que no podemos bajar la voz, porque el silencio también mata.