El 31 de julio de 2025, la Asamblea Legislativa de El Salvador —controlada por Nuevas Ideas, el partido de Nayib Bukele— aprobó sin debate una reforma constitucional que elimina los límites de reelección presidencial, extiende el mandato de cinco a seis años y acorta los procesos electorales a partir de 2027.En apenas dos horas, con 57 votos a favor y solo 3 en contra, se cimentó legalmente el camino para que Bukele permanezca en el poder por tiempo indefinido.

Organizaciones como Human Rights Watch y Cristosal han denunciado que, desde 2022, más de 58 000 personas han sido detenidas arbitrariamente bajo un estado de excepción que suspende derechos constitucionales. Reportes documentan desapariciones breves, torturas, muertes en custodia —al menos 90 casos— y detenciones hechas bajo cuotas impuestas a la policía. Más del 2 % de la población adulta salvadoreña estuvo presa durante ese periodo, muchas sin juicio ni defensa. El control político ya no se limita a la calle: Bukele controla el legislativo, judicial, electoral y mediático.

¿Eco de Uribe en Colombia?

Este retroceso democrático hace recordar la experiencia colombiana con Álvaro Uribe. En 2005, su partido y mayoría legislativa impulsaron una enmienda constitucional para permitir la reelección inmediata, y en 2006 obtuvo su segundo mandato con más del 60 % de los votos. Aunque luego se intentó un referendo para una tercera reelección, la Corte Constitucional lo negó en 2010. Esa experiencia presagió muchas de las prácticas autoritarias que hoy condenamos: influencia sobre el poder judicial, persecución de opositores con inteligencia estatal y redes clientelistas.

Hoy en Colombia surgen voces que ensalzan el «modelo Bukele»: figuras como María Fernanda Cabal, Vicky Dávila o Aberlardo de la Espriella han defendido públicamente su liderazgo autoritario como ejemplo de «eficiencia». Desde Revoltosas advertimos con claridad: esa narrativa encubre un riesgo real de autoritarismo encubierto, donde se sacrifica el pluralismo democrático en nombre de la seguridad.

Por qué debe importarnos

El ejemplo salvadoreño demuestra que la popularidad no legitima la perpetuación del poder. La democracia se preserva mediante límites claros, separación de poderes, prensa libre, justicia independiente y sociedad civil activa. Cuando un líder concentra poder bajo el argumento de “orden” y desprecia fundamentos jurídicos, pone en jaque a toda una nación.

El grito feminista:

Desde Revoltosas, rechazamos la reelección indefinida y la militarización del poder. Alertamos sobre equipos que promueven líderes autoritarios en Colombia y defendemos una democracia constitucional sólida, inclusiva y feminista. No permitiremos que el modelo de El Salvador se repita en nuestra patria.