Junio trae un respiro real para los bolsillos colombianos: con una inflación anual del 4,82 % y un crecimiento mensual de solo 0,10 %, el país vive su nivel más bajo desde octubre de 2021 (tradingeconomics.com). Esa cifra, más de tres décimas por debajo del mismo mes del año anterior (0,32 %), da testimonio de una estabilización concreta, no de un espejismo (reuters.com).

El cuadro es claro: la comida, ese rubro que más golpea al ciudadano común, bajó un 0,08 % en el mes, resultado directo de la política monetaria restrictiva del Banco de la República, con su tasa en 9,25 % (reuters.com). El Gobierno puede reivindicar ese resultado como fruto de su estrategia económica: no fue la casualidad, sino una decisión consciente de control inflacionario.

Que la oposición recurra al alarmismo, planteando escenarios apocalípticos de “crisis” y “colapso” fiscal, deja de ser una jugada oportuna y asume el carácter de irresponsable. Mientras los indicadores oficiales actuales muestran un clima macroeconómico que mejora, ellos insisten en sembrar dudas sin fundamento. El dato semestral —3,74 % frente al 4,12 % de hace un año— refleja una tendencia sólida. Y los analistas de Reuters plantearon ya que este resultado superó las expectativas (0,19 % mensual y 4,90 % anual), lo que habla de una desaceleración más rápida de la esperada (tradingview.com).

En el terreno real, servicios como restaurantes, salud, tabaco y transporte aportaron subidas menores —entre 0,20 % y 0,42 % mensual(reuters.com)— fenómeno previsible tras los “puentes” de junio, y que no debería empañar una mejora estructural. Incluso los críticos del equipo económico, que advierten de un freno a la producción, no pueden ignorar que la medición oficial evidencia efectos positivos aún en rubros sensibles.

La racionalidad exige reconocer que, si la oposición insiste en acusar al Gobierno de “hundir la economía” por sostener la tasa en niveles elevados, está eligiendo vender miedo por convicción, no por datos. En cambio, la evidencia señala que ese sacrificio monetario empieza a dar frutos: la inflación está contenida, la previsibilidad mejora y el país gana espacio para ajustarse gradualmente sin causar shocks.

Esa es la apuesta del gobierno Petro: mantener firme la política fiscal y monetaria —pese a déficit elevado y descontento constante— hasta consolidar una tendencia de inflación que se acerque al rango meta del Banco. Si ese aire fresco de junio persevera, tarde o temprano habrá margen para alivios selectivos en la tasa. Pero hacerlo ahora, apresuradamente, ponen en riesgo el avance conseguido.

Así, más allá de titulares sensacionalistas, el dato del 4,82 % no solo es una victoria estadística, sino una oportunidad real para que Colombia recupere estabilidad. La oposición tendría que dejar el pánico, aceptar que la estrategia funciona y colaborar, en lugar de cargar sobre la economía el peso de sus campañas desesperadas.