La política sigue oliendo a naftalina. En muchos países, el poder político sigue en manos de hombres que, con traje y corbata, perpetúan estructuras que benefician a unos pocos. Pero las mujeres están aquí, empujando, irrumpiendo, alzando la voz y ocupando los espacios de decisión que históricamente les han sido negados. No es una cuestión de cuotas, es una revolución en tacones, en botas, en tenis, en sandalias o descalza, como quieran y como puedan. Pero es una revolución.
Según ONU Mujeres, el camino a la igualdad en la política es una maratón con obstáculos. Para 2023, solo el 26.5% de los escaños parlamentarios a nivel mundial eran ocupados por mujeres. Y aunque cada vez más mujeres llegan a cargos de poder, la participación sigue siendo insuficiente y está plagada de barreras, desde el acoso político hasta la falta de financiación para sus campañas.
Cuando la democracia tiene nombre de hombre
Las estructuras de poder han sido diseñadas por y para hombres. Las mujeres que quieren entrar en el juego político tienen que aprender reglas que no las incluyen, que las limitan y que, en muchos casos, las castigan por ser diferentes. A esto se suma la violencia política de género: amenazas, difamaciones y agresiones que buscan desincentivar su participación.
En América Latina, el 82% de las mujeres políticas han sido víctimas de violencia psicológica según la Unión Interparlamentaria. El mensaje es claro: si entras en la arena política, prepárate para ser atacada. Pero a pesar de esto, las mujeres siguen ahí, mostrando que la política no es una herencia de sangre ni un club privado.
El poder no se pide, se toma
Las mujeres en política han entendido que no hay que pedir permiso. Están tomando el poder con discursos contundentes, con proyectos políticos transformadores y con una convicción de hierro. Jacinda Ardern, Michelle Bachelet, Francia Márquez, Claudia Sheinbaum, Alexandria Ocasio-Cortez y muchas otras han demostrado que no es suficiente con ocupar el espacio, hay que cambiar las reglas del juego.
La paridad de género en la política no solo es un asunto de justicia, sino de eficiencia. Numerosos estudios demuestran que cuando las mujeres participan en la toma de decisiones, las políticas públicas son más inclusivas, se fortalecen los derechos humanos y hay más transparencia en la gestión pública.
Lo que viene: una generación que no se calla
Las nuevas generaciones de mujeres políticas no piden permiso. No están aquí para ser la cuota de género ni para hacerles el juego a estructuras caducas. Llegan con discursos sin miedo, con proyectos feministas y con una certeza absoluta: el futuro es de todas.
El reto es seguir avanzando sin retrocesos. La paridad debe ser un piso mínimo, no un techo. Las instituciones deben garantizar entornos libres de violencia política y las mujeres en el poder deben abrir camino para las que vienen detrás. Porque la revolución es imparable, y el techo de cristal, aunque resista, tarde o temprano caerá hecho añicos.ra todas las personas, sin distinción de género .