La violencia de género en Colombia ha adquirido un rostro cada vez más aterrador: el de la desaparición forzada y el feminicidio en contextos de conflicto armado. El reciente hallazgo de los cuerpos de dos mujeres en Yarumal, secuestradas días antes por el Clan del Golfo, es un recordatorio desgarrador de que ser mujer en este país sigue siendo una sentencia de riesgo.
Las víctimas, cuyos nombres aún no se revelan por respeto a sus familias, eran mucho más que cifras. Eran vidas llenas de historias, sueños y vínculos que fueron truncados por un sistema que no las protegió. En una región asediada por la presencia de grupos armados, estas mujeres se convirtieron en el blanco de un acto de terror que, como tantos otros, busca perpetuar el control y el miedo.
El Clan del Golfo, con su larga lista de crímenes, ha encontrado en las mujeres un objetivo estratégico. La violencia ejercida sobre sus cuerpos y vidas no es aleatoria; es un mensaje dirigido a toda una comunidad: “Aquí mandamos nosotros”. Pero lo que no entienden estos grupos armados es que cada acto de violencia genera más resistencia.
La pregunta que todos nos hacemos es: ¿hasta cuándo? Hasta cuando las instituciones permitirán que estas dinámicas de terror sigan cobrando vidas. Hasta cuando las promesas de seguridad serán insuficientes para las mujeres que viven en regiones abandonadas por el Estado.
La búsqueda de justicia no puede ser solo un gesto simbólico. Este caso exige una respuesta inmediata y contundente que no solo condena a los responsables, sino que también garantiza la protección de las mujeres en zonas de conflicto. Las rutas de atención deben fortalecerse, y la perspectiva de género debe ser el eje central de las políticas de seguridad.
En Yarumal, como en muchas otras partes de Colombia, las mujeres han aprendido a resistir en silencio. Pero el silencio no puede ser la única opción. Que la memoria de estas dos mujeres sea un grito colectivo de justicia y acción. Porque el feminicidio no solo destruye vidas, también arranca pedazos de una sociedad que no puede avanzar mientras las mujeres siguen siendo blancas de la violencia.