Julieta Despierta

Escrito por Amaranta P

 

Al despertar de la siesta Julieta se siente profundamente mareada, el techo le da vueltas y la cabeza le vibra rítmicamente desde muy adentro. Uff, es la última vez que me tomo esto, piensa. Intenta levantarse, pero algo muy pesado se lo impide. Entonces cree que otra vez se está produciendo un desdoblamiento y que su cuerpo astral se irá de nuevo a explorar la casa, dar vueltas pensando en dónde perdió el encendedor. Pero esta vez está despierta, no se siente doble. Se quiere quitar la cobija y algo se lo impide, un peso muerto, lo ve y lo siente: otra vez Romeo.

      -Uh, Romeo, dale, ¿otra vez? Vete de aquí Romeo, no te quiero ver más.

Pero esta vez es distinto, Romeo tiene barba y se le ha extendido hasta el piso, se han formado raíces hasta alrededor de la cama y se han incrustado en las sábanas y el colchón. Julieta no lo puede creer. No hay forma de salir, puede escuchar el crujir de las ramificaciones creciendo. Romeo ronca pero casi como un ronroneo. Y la habitación se va llenando de sus sonidos: su cabeza, sus palpitaciones, el ronquido, las ramificaciones. De pronto Romeo parece despertar, se retuerce y empieza a llorar:

     -¡Mi jueguito, mi jueguito!- Es más bien un sollozo infantil con los ojos semicerrados que dura unos instantes y se vuelve a quedar dormido. Segundos después ve salir de su boca una burbuja que se eleva y sale de la habitación.

Julieta observa la escena eclipsada, con el gesto torcido y la respiración entrecortada. -¿Qué carajo fue eso?- dice en voz alta.

Entonces retoma la necesidad impetuosa de levantarse. Esta será la última vez.

Hace fuerza con los dedos de sus pies y le presiona las pantorrillas al cuerpo enemigo, pero de las raíces comienzan a salir pequeños brotes que se empiezan a expandir hacia sus piernas. Una mano logra arrancar de su cintura un extremo que la apretaba, piensa que hay posibilidad de salir. Pero un brazo de Romeo sale y la abraza.

     -Ah, puede ponerse peor- exclama.

Se pelea en una contradicción interna por luchar o dejarse ahogar. Entonces recuerda que la noche anterior, o la última noche, no sabe cuál, en la que se encontró con Romeo en un bar, el pobre le contó sobre su angustia por la calvicie, el rompecabezas empezaba a aparecer, pero no coincidía con su situación actual.

      -Romeo, -le dice ahora en la cama- creo que nos pusieron algo en la bebida, loco. Esto está muy raro, usted no tenía tanto pelo man. Pero Romeo no reacciona. ¿Habrá sido burundanga?, no me acuerdo como llegamos hasta aquí. Es todo muy borroso.

Y Julieta se empezó a descomponer. Náuseas y arcadas. No-. Pensó. -No puedo tener un final tan triste-. Y entonces, le pidió al narrador sacarla de allí. 

Obviamente soy narradora, Julieta, ¿qué esperabas?, le respondí. Y ella me cuestionó de forma muy abrupta mis ideas e incluso mis principios. Le expliqué que sacarse un peso muerto de encima no era cosa fácil, que tenía que ponerse las pilas, pensar soluciones y ahí seguramente juntas íbamos a lograr salir del apuro. Pero le llevó muchas horas comprenderlo y no nos pusimos de acuerdo. Yo tampoco quise ceder.

 

Entre tanto esfuerzo se hundió entre el colchón y llegó al relleno. Romeo jamás se despertó ni se percató de lo que sucedía. La casa se fue llenando de burbujas.

Al interior del cuerpo del colchón Julieta se sintió sumergida en su propio picadillo: vísceras, líquidos y grasa. Cerró los ojos y empezó a lanzar brazadas. Quería salir. Finalmente atravesó el inframundo y llegó a la superficie. Algo había cambiado. Romeo era ahora el colchón, y su cara la almohada. Se sacó del cuerpo húmedo los restos de algas peludas ya sin esfuerzo y se pudo levantar. Agarró una bolsa de basura y cambió la ropa de cama. Las burbujas se fueron estallando solas.

-Pobre Romeo-.pensó- y cerró la puerta. Se alegró de que esa no fuera su casa.

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