El valor de la revolución: carta a mis hijas
Por Jenn Méndez
Con el tiempo, he ido aprendiendo que Dios pinta de colores y formas diferentes a cada hija o hijo.
Ustedes me han demostrado que tienen muchos colores bellos y que llevan dentro su propio color. Además, me han enseñado la construcción de la originalidad en la vida. Me han enseñado a ser mamá, amiga y compañera.
Hoy quiero darle gracias a Dios por la vida, y porque me ha dado la oportunidad de acompañarlas, apoyarlas y mostrarles algunos caminos. Sin embargo, ustedes han descubierto los propios. Pues, sé que no puedo vivir la vida por ustedes, ni me gustaría hacerlo, porque cada ser humano tiene una misión especial a la cual ha sido llamado.
Deseo de esta forma que sigan siendo nobles y buenas, que sean responsables con su vida y con todos los riesgos que asuman, y que encuentren muy dentro de ustedes la intuición, la razón y el sentido común para vivir.
Escuchen siempre a su corazón y lo que les pide; sigan sus sueños, luchen por todo aquello que creen correcto; arriesguen y, si es necesario, jueguen la vida, porque al final se debe vivir con valor, con coraje, con pasión.
Nunca se tornen cobardes ante la adversidad, ni ante los problemas, no huyan de ellos. Recuerden que estamos llamadas a hacerlo diferente.
Así mismo, recuerden que, aunque el camino puede ser largo, la única competencia somos nosotras mismas. De esta forma, no permitan que su corazón conozca la envidia hacia otros como si fueran nuestra competencia; eviten así mismo el rencor, la hipocresía, la deslealtad, porque son sentimientos inferiores, reservados para los mediocres.
Para terminar esta carta a ustedes, puedo decir que sé que no soy una madre perfecta; algunas veces soy un poco loca y otras todo lo contrario, pero les quiero agradecer también por aceptarme y amarme así. Quiero que sepan que, mientras Dios me permita la vida, seguiré a su lado, respetaré sus decisiones y no les pediré que hagan cosas en contra de su voluntad. Siempre las amaré.
Siendo así, sean revoltosas y diferentes, pues la verdadera revolución es romper el statu quo y abrirse camino de forma diferente y con pasión. Sean ejemplo para llevar a otras a la lucha con ustedes, hasta que todas seamos revoltosas y el Cinco Por Ciento sea el cien por ciento.