El Amor en todas sus formas:

Un homenaje a las relaciones que nos transforman.

Escrito por Mónica Tinjacá Amaya Abogada Feminista

 

Revoltosas me retó a escribir un texto no mayor de ochocientas palabras sobre el complejo tema del amor romántico. Este es un tema del cual se han ocupado poetas y filósofos desde 428 a.C. muy difícil de exponer en el limitado espacio de 800 palabras.

No obstante, tratando de superar tal limitación, he recurrido a la pregunta fundamental: ¿Qué es el amor? Según una de las definiciones del diccionario de la lengua española[1], el amor es un “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.”

Esa definición del amor como una insuficiencia “del ser humano” me indujo a cuestionarme sobre la naturaleza del sentimiento amoroso y sus implicaciones con la conciencia subjetiva de insuficiencia, necesidad y carencia.

La respuesta que esbozo intenta asirse a un enfoque psicoanalítico cuya narrativa parte de establecer una incompletud del ser que nos impele a buscar un complemento en otro ser. Una «media naranja» que nos transforma, completa y salva para darle sentido a nuestra misión en la vida.

 

amor

Coral Herrera,[2] doctora en Humanidades y estudiosa del amor, afirma que la construcción social del amor y las emociones está influenciada por el hambre de poder inmanente en las relaciones

e interacciones sociales y culturales como un dispositivo político cuyo objeto es generar nexos afectivos y pactos de convivencia que aseguren la perduración de la especie. Desde el ideal romántico de juglares, poetas y escritores, esa es la naturaleza prístina del sentimiento amoroso, no obstante, las implicaciones de la vida cotidiana en el ámbito social hacen de esas relaciones un sistema complejo en el que se alternan las experiencias satisfactorias con las conflictivas y las dolorosas para constituir el carácter y naturaleza de esas formas relacionales en un marco identitario que se amalgama en  los mitos, las creencias, los relatos, el lenguaje, los arquetipos y los estereotipos, la idiosincrasia y la cultura, hasta configurar una realidad ideologizada sociopolítica y económica.

Durante generaciones el ideal del amor romántico ha sido el eje del  desarrollo social y cultural de todas las naciones desde los tiempos del AT, los filósofos griegos y sus aedas épicos pasando por los relatos medioevales de caballería, la novelística y la lírica en general, el cine y la música que exaltan el amor como una fuerza vital que todo lo puede y los relatos místicos o religiosos que lo adoban con su receta de sacrificio, abnegación y disposición a esperar, creer, soportar y tolerar hasta los dichos familiares que recogen el folclor del refranero popular tales como “ya te puedes casar” para elogiar la laboriosidad de una mujer en la cocina o “el hogar”, “Te quedaste para tía” “Te está dejando el tren”, en los que se evidencia el énfasis en la necesidad imperiosa de una sociedad para asegurarse su crecimiento demográfico y el sostenimiento de sus estructuras de poder económico, ideológico, social y cultural.

Con la misma fuerza con que se ha inculcado el amor romántico se ha condenado a la soledad como su contrario natural, desde niñas nos imponen una visión heteronormativa del amor como la única opción aceptada socialmente y nos inculcan la idea de que un príncipe azul llegará a salvarnos, prometiéndonos un amor eterno en un paraíso, pero lo cierto es que la concepción del amor romántico conduce a depresiones y sentimientos de soledad y abandono aún más intensos que la soledad misma, en la medida en que nos vemos confrontadas por la frustración ante expectativas poco realistas y la  inevitable carga de desilusión propia de la edad adulta, tal como lo evidencia la escritora Isabel Allende en su libro Las mujeres del alma mía cuando afirma “a muchas nos ha tocado vivir la vida que nuestras madres no pudieron vivir” (Allende,2020, p.30).

 

Sin embargo, las soledades del mundo contemporáneo nos impelen a buscar una pareja a toda costa en una carrera  contra el tiempo biológico y el cronómetro social arrastrándonos a un vórtice de vínculos amorfos, vagos, indefinidos y efímeros… amor líquido, cultura del descarte, indiferencia y apatía.

La Tecnología es un medio muy importante para acercar a las personas, pero rara vez se habla de la riqueza que ofrecen otras relaciones importantes en nuestras vidas, lo que ocasiona que estos amores no románticos sean considerados menos importantes ¿Qué sucede con los amores que se encuentran en otras personas como las amigas, madre, abuela o incluso en nosotras mismas?

 

La amistad es un tipo de amor que merece ser celebrado. Las amigas, abuelas y madres, en el mejor de los casos, son las personas que acompañan en los buenos y en los malos momentos de la vida. Son aquellas personas que escuchan y abrigan el alma. Son relaciones profundas y significativas, que brindan apoyo emocional, reafirman la pertenencia a un grupo social y en ocasiones apoyo en la necesidad. Son esos otros amores que tienen un impacto profundo en las vidas.

 

Es importante mencionar el amor por una misma en medio de una sociedad que se alimenta de    la validación externa. Fundamental para la salud mental y para establecer relaciones saludables. De seguir cultivando el amor propio, es posible amar; y abrirse a las diversas formas de amor. Por lo tanto, es importante promover una cultura que valore las relaciones en su diversidad y abrir la puerta a una comprensión más amplia y enriquecedora del amor en todas sus formas. ¡Es momento de valorar y festejar todos esos amores sinceros que nos hacen ser quienes somos!

[1] amor | Definición | Diccionario de la lengua española | RAE – ASALE

[2] Coral Herrera Gómez Blog : amor romántico (haikita.blogspot.com)

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