Amar lo que se hace y no morir en el intento
Escrito por Lina García Sierra
Cuando decidimos lanzar esta revista digital en septiembre abrazando el mes del amor y la amistad, una fecha tan comercial pero también tan arraigada a la vida cotidiana, nos propusimos que sería el AMOR lo que nos guiaría por estas líneas, pero luego vino lo difícil, desde dónde enunciar esa categoría, amor por quién, por qué, para qué; peor aún, el amor conocido o al que aspiramos las mujeres desde la empatía, el cuidado, el respeto y sobre todo la autonomía. Parece que amar no significa lo mismo en todos los cuerpos y al mismo tiempo, que amar tiene unos mínimos casi tatuados en la piel de los mundos patriarcales.
Así que esta primera edición digital tendría que cumplir un rol revolucionario, como cada puesta en escena que hacemos las mujeres en lugares donde nadie nos ha llamado pero en donde hacen falta nuestras voces, no solo para debatir y replantear qué es eso del amor sino para desmentir lo que implica el amor romántico.
Y es que si a usted de niña o adolescente nunca le dijeron que hiciera (o no) cierta cosa para que la quisieran, déjeme decirle que es una privilegiada con entornos resignificados y que necesitamos su historia en estas pantallas para saber cómo sale eso de la crianza sin estereotipos, pero si usted, como yo nació en entornos tradicionales donde estar sucia de niña era vergonzoso, ser “contestona” de adolescente era inaudito y ser “atrevida” de grande es un desafío a las feminidades, entonces, usted sabe que es eso de estar buscando validación para que nos quieran.
Pero no solo que nos quiera una pareja (ojalá heterosexual), también hace falta que nos quieran en los grupos sociales; en la iglesia o el espacio religioso que se profese; en la familia e incluso en el trabajo. Oigan, que a uno le toque validar que sí siente “amor por lo que se hace” en medio de una interacción principalmente capitalista que está regida por la productividad y la subordinación ya debería ponernos en estado de alerta.
El amor romántico ha sido vendido tan sutilmente a través de historias de princesas, películas comerciales y explicaciones no pedidas en nuestros entornos cotidianos, que parece inevitable vivir sin él.
Seguro que en estos relatos con los que presentamos REVOLTOSAS, esta apuesta digital para exponer a todo pulmón las formas multicolores y polivocales en que entendemos el mundo, los dolores que nos atraviesan y las causas que nos mueven, estarán presentes reflexiones colectivas e individuales sobre lo que el amor romántico nos ha impuesto y hasta lo que nos ha quitado en la vida personal, los derechos que nos arrebata, las dudas que nos genera sobre nosotras mismas y la subjetividad que nos suprime cuando nuestros cuerpos son más de ellos que de quienes los habitamos. Por ello quisiera iniciar poniendo sobre la mesa otra arista del amor patriarcal que nos ha invadido en nuestras realidades, el de hacer lo uno “ama” para justificar la anulación de la persona en la explotación laboral, los trabajos no remunerados o el servicio comunitario no reconocido.
El capitalismo ha hecho lo suyo cuando se trata de asignar roles y contraprestaciones por esos espacios de acción, o es que hay algo que produzca más riqueza que toda esa cadena de cuidado que está detrás de los hombres productivos. A ellos que se levantan y sus desayunos ya están listos, sus camisas ya están planchadas y sus hijos/as ya tienen quien les lleve a la escuela, les parece que les rinde el día porque son muy capaces; cuando la verdad es que son el resultado de las posibilidades que les ponen sobre la mesa las mujeres que les cocinan, les lavan la ropa, les alimentan, les hacen mercado, les limpian la casa, les pagan los servicios públicos y por supuesto les cuidan a su descendencia. ¡Lo mejor del cuento es que todo esto ocurre en nombre del amor!
Así es, para mantener a esas fieles servidoras (casi a costo cero) de la cadena de producción les echaron el cuento de amar lo que se hace, es decir que el amor por su familia es tal, que pueden trabajar 3 jornadas y no necesitan remuneración alguna; pero esta lógica no se queda allí, “se ama lo que se hace” también en los espacios laborales remunerados, en donde según el Banco Mundial (2022) en 95 países aún no se garantiza a las mujeres la igualdad en el salario así realicen el mismo trabajo.
Amar lo que se hace puede ser un motor importante para desarrollar causas comunitarias o defender derechos, pero en ámbitos de reconocimiento por la labor desarrollada en términos monetarios, se ha convertido en la excusa perfecta para trasladar la obligación del pago a compensaciones emocionales, resaltando la buena conducta, la solidaridad y el amor por el otro.
Detrás de los discursos de superación personal en donde nos invitan a elegir los caminos que nos hagan más felices, habrá que replantearse los pilares de la felicidad, para identificar aquellos que nos enaltecen como sujetas de derechos y cuestionar aquellos que nos han sido impuestos bajo la excusa del “amor” para ceder nuestros derechos para el cuidado del otro, o peor aún del capital.
No morirá en el intento del amor por lo que se hace, quien logra construir colectivamente escenarios de resistencia, quien ama lo que le han prohibido sin justa causa, quien exige lo justo por su trabajo y demanda remuneración por el cuidado, quien lucha y quien cuestiona.
Que esta primera edición de REVOLTOSAS sea el vehículo para transitar las preguntas diarias sobre las creencias impuestas, la plataforma para encontrarnos con las otras que van por el mundo preguntándose el porqué de las formas del mundo y el lugar de impulso para presentar al mundo nuestras más profundas reflexiones (cargadas con millones de propuestas) sobre cómo construir realidades que también tengan gafas púrpuras.
