Resiliencia

¿Será que falta cambiar el cambio?

Por Sammy

Para nadie es un secreto que, desde hace muchos años ya, se dice que el mundo ha cambiado para nosotras las mujeres. Con tanta “propaganda” de esto, por fin dije: “Ahora las mujeres podemos pronunciarnos en vez de navegar la vida esquivando y normalizando acosos”. Que equivocada estaba, pues recientemente me di cuenta de que no es así.  Déjenme contarles una parte de esta historia que me trae hoy aquí

Proteger mi autoridad corporal

Soy una mujer bogotana de 51 años. Fui bastante chusca en mi juventud, y experimenté asedios, acosos y morbo por parte de muchos hombres, los cuales empezaron desde muy temprana edad y han formado parte de mi vida entera.

Cuando era niña, tuve que aprender a hacerle el quite a hombres morbosos. Mi sociedad me inculcó que si me asediaban era una validación a mis encantos y que la gente bonita es más feliz. Así pues, la atención masculina así fuera sucia o me hiciera sentir mal, era la afirmación (social) de que yo poseía una ventaja que es apreciada en el mundo.

Ya en mi adolescencia, tengo recuerdos de momentos que me causaron mucho impacto emocional: En mi colegio fui admirada y morboseada por personas de autoridad (entre esos el sacerdote de la institución). Esa atención me ratificó una idea de que mi vida tendría ventajas si era bonita y si llamaba la atención de hombres de autoridad. 

Un día, en un bus, alguien me metió el dedo por la grieta del derrier y cuando voltee rápidamente había mucha gente y no supe quién lo hizo. Quedé afectada no solo por la agresión sino por el hecho de que no me defendí. El protegerme y desarrollar una voz de autoridad sobre mi cuerpo se volvió trascendentalmente importante para mí.  En fin, tuve muchos episodios de acoso, asedio y hasta toqueteos, pero cada uno me “enseñó” a protegerme más eficientemente.

Ya más adulta, me volví un poco ruda con el género masculino y esto se profundizó al ser madre, pues me convertí en sobre protectora con mis hijos, ya que yo entendía lo descontroladas que son las pasiones de algunos hombres; sin embargo, mi autoestima estuvo por mucho tiempo ligada a si me echaban piropos o no (porque si era bonita tendría ventajas y sería feliz).

A hoy ya crecí, viví, aprendí y vi el mundo cambiar, soy una mujer “madura” y entonces, cuando ya no generé más piropos en la calle, me cuestioné si había perdido con los años mi belleza o si el mundo había cambiado en pro de ser más respetuoso hacia las mujeres.

 

Este año, 2024, tras grandes cambios en mi vida, decidí estudiar artes, lo cual fue siempre mi pasión y con ello hacer realidad un sueño y perfeccionar destrezas en algo que siempre practiqué en auto estudio; para mí, tomar la decisión de volver a estudiar a los 50 años no fue para nada fácil, más mi deseo de cumplir ese sueño me llevó a inscribirme en la escuela de artes y oficios Santo Domingo en Bogotá.

Como vivo en un municipio a las afueras de la ciudad, el esfuerzo de desplazamiento hasta el centro de la ciudad todos los días fué demandante, pero mi compromiso con el cumplir mi sueño hizo que todo valiera la pena. Nunca imaginé que algo tan bonito y valioso para mi se iba a ver empañado de nuevo por el asedio de un hombre.

Desde la primera semana de clases tuve mi primer disgusto por el acoso de parte de un compañero de mi salón.  Experimenté episodios muy incomodos y otros no tan obvios pero siempre me sentía observada y estudiada en la manera en que un cazador sigue una presa. El acoso fue escalando en un periodo de cuatro meses al punto que decidí no someterme a eso un día más. Presenté la queja por acoso a la escuela y dejé de ir a clases.

He de comentar que después de que entendí que de ninguna manera en que le expresara a él que NO quería una relación/salir/ nada con él , era respetada. Me volví ruda, despectiva, muy  distante, un poco grosera, como una forma de seguir intentando ver si así entendía que no era bien aceptada su atención.  La respuesta de esta persona, al final al ver que yo no cedía fue comentar a todos mis compañeros que yo le hacía bullying. Más encima de todo le salí a deber. Increiblente fué MI imagen la que se vió afectada.

Retomando, de la queja por acoso que presenté ante la escuela; de una manera muy política y formal me convocaron a una reunión con el comité de convivencia, la cual fue liderada por una abogada, allí conté toda mi historia donde cuestionaron mi palabra exigiendo pruebas. Me sentí más siendo acusada que apoyada. Díganme ¿Cómo puedo probar que el personaje me observaba todo el tiempo? ¿Cómo puedo probar que cada cosa que yo decía era estudiada para hacer un nuevo movimiento después? ¿Cómo puedo probar las conversaciones donde él manifestaba, más que admiración, a una fijación con partes de mi cuerpo como mis “uñas” o mi derrier?

¿Cómo puedo comprobar que él me espiaba, acosaba y asediaba cuando “solo” tuve algunos textos que mostrar?

Finalmente, la escuela me contestó y me dijeron por medio de una carta que “no había pruebas suficientes de acoso sexual” y que le habían llamado la atención al personaje y que él se había comprometido a no tener contacto sino el meramente académico. ¿Esto qué tipo de respuesta es en el mundo de los protocolos de atención, de cuidado de la mujer, de evitar la revictimización?  Ganó una vez más el papel sobre la realidad.

Esto me hizo pensar que fue tonto creer que el mundo había cambiado. Yo pensé que mi reclamo sería entendido y las medidas contundentes, pero no. Todo quedó en un llamado de atención vs meses de acoso. Yo perdí la felicidad de mi estudio, yo fui asediada, yo perdí mi tranquilidad, yo dejé la escuela y a él ni una sanción le emitieron, nada le pasó, siguió como si nada. Yo perdí…Y él no perdió nada.

Entonces, quiero dejar finalmente el mensaje de que veo que el mundo no cambió, pero sin embargo yo SI cambié. ¿Saben? Ya no soy esa niña que se frustra porque no puede defenderse, ni la adolescente que creía que solo siendo linda podía ser feliz. Ya no soy la que necesita el piropo para saber lo que vale. Me escuchen o no, ahora tengo una voz, escuche alguien o no, ahora se decir NO MAS. Sólo cuestiono: para que las mujeres realmente seamos escuchadas y podamos tener una vida sin señalamientos y revictimización ¿Será que falta cambiar el cambio?

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