bruja
Mi hermana es una bruja
y yo también
Por Paula lara
Seguramente en el medioevo todo lo que hacemos tendría que ser de maneras secretas, y nos mirarían de forma extraña tratando comprender un porqué e intentando juzgar nuestro actuar…
Un momento, aún es así…
Bueno, y es que hay que admitirlo, ir más allá de lo que nos vende la industria para descubrir que las cremas corporales, los bloqueadores solares, cremas dentales, e incluso las comidas “sanas”, no lo son, es bastante raro hoy en día.
Se podría decir, que muy pocos entienden de neurotóxicos y afectaciones hormonales por cuenta del petróleo presente en todos los productos de belleza y que cuando tu piel lo absorbe llega directamente al torrente sanguíneo, o que nos han engañado con nombres científicos de azúcares y derivados para que pensemos erróneamente qué comemos demasiado saludable.
¿Pero cómo llegar a ese punto?
¿Como pensar fuera de la caja?
En nuestro caso tiene un origen de salud, y es que en las constantes lecturas nocturnas de mi hermana para que sus hijas tengan la mejor alimentación posible, abrió una ventana que nos mostró lo cruel y salvaje que puede llegar a ser la industria en pro aumentar sus cifras, y es que claro, con tal de que los niños huelan a bebé, el típico olor a bebé, somos capaces de dañar su piel con formaldehídos y Dioxano, potentes agentes cancerígenos sin darnos cuenta, solo porque no sabemos leer una etiqueta y confiamos ciegamente en un tierna publicidad.
Igual de terrible es,
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como los alimentos a lo largo de los años y por cuenta de la necesidad, sin causa genuina, de que duren en el tiempo, hoy en día mantequillas de maní y almendras, por nombran un ejemplo, contengan emulsificantes que no son mas que aceites de origen vegetal, cuando los mismos frutos secos son capaces de generar la oleosidad que se necesita para una buena crema.
Nos hemos vuelto tan ciegos a lo que tenemos a nuestro alcance, que pensar en untarse una crema corporal hecha con cebo de cordero, cera de abejas y aceites naturales nos parece descabellado, y mis amigos veganos saltaran por cuenta de usar grasas de origen animal en la estética, bueno siempre se hace, y si miramos los procesos industriales las grandes marcas también usan grasa animal, así que por años lo que hemos puesto en nuestro cuerpo con olor a sandia o coco, sigue siendo grasa animal, pero incluso si nos vamos más allá podemos generar productos completamente veganos cambiando la grasa animal por manteca de cacao o de karité, para los gustos, los colores.
La naturaleza en su infinita sabiduría
siempre nos ha brindado todo lo que necesitamos para estar en equilibrio con la vida, es cuestión de mirar sin el velo de la industrialización y empezar a poner la mirada en lo simple y sencillo, por supuesto siempre en pro del metabolismo natural.
Mi hermana es una bruja, porque hace su propia crema dental, sus cremas de frutos secos para consumir y yo también porque hago bloqueador solar y crema humectante corporal, en nuestras cocinas, con la mirada juzgona de quien duda de los saberes tradicionales y buscando que la siguiente generación tenga una vida mas saludable.
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